Apodado el Gladiador por ser un luchador en el terreno de juego, por no dar una bola por perdida, por pelearse con quien fuera para el beneficio de su amado Saprissa. Su legado va mucho más allá de las rivalidades futbolísticas.
El debut de un guerrero

Desde que debutó en 2001 con 17 años, demostró su coraje en la zona baja del fútbol costarricense, mismo que ya había mostrado en el Mundial Infantil de Trinidad y Tobago ese mismo año.
Saprissa y el New England Revolution de la MLS fueron sus únicos clubes.
Un palmarés de leyenda
Nueve títulos nacionales, uno de Uncaf y uno de Concacaf fue el palmarés de Badilla en su carrera con el conjunto morado, pero quizá fue el tercer lugar en el Mundial de Clubes de 2005 su mayor logro.
Con la Selección Nacional vivió momentos únicos: Copa Uncaf, amistosos, Copa Oro, eliminatorias… Pero su mayor recuerdo fue ser parte de la Tricolor en la Copa del Mundo de Alemania, en 2006.
La batalla más difícil
Con 29 años, una noticia hizo estremecer su amor por el fútbol. Un problema en el corazón lo obligó a apartarse temporalmente de las canchas.
El 15 de junio de 2013, Badilla entró al quirófano para extraerle un tumor benigno. Los resultados fueron exitosos, y meses después el jugador estaba de nuevo con la camiseta puesta.
También fue un luchador de la vida. En 2013 un problema en el corazón lo mandó al quirófano, pero lo superó y volvió a jugar fútbol.
Legado eterno

Se retiró con 32 años y se estaba dedicando a labores administrativas en el equipo de sus amores.
Gabriel Badilla falleció mientras participaba en la carrera Lindora Run. Su legado quedará escrito por siempre en letras moradas.